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Historia

Prehistoria

Los restos más antiguos que se han podido hallar en Bujalance se remontan al inicio de la Edad de los Metales, al Calcolítico, como un hacha de fibrolita encontrada al sur de Belmonte. No sería extraño que se encontraran restos más antiguos, dada su localización en el centro de las vías de comunicación naturales entre Córdoba y Jaén y por la cercanía del término municipal de Cañete de las Torres, donde los restos son más variados.

Edad Antigua

De la época prerromana se han hallado algunos restos en el término municipal, entre los que destacan varios ejemplos de arte ibérico como una escultura de un perro o felino, llamada León de Bujalance que data del siglo V antes de Cristo, de tipo funerario y etnográficamente dentro del marco de la Turdetania o una fíbula de plata con escena de caza. Las cerámicas ibéricas encontradas están decoradas a bandas, en algún caso grises y a veces, con formas específicas como caliciformes. Todas las culturas de la Bética han demostrado su asentamiento aquí.

En época romana, lo que hoy es Bujalance sería un cruce de caminos y zona de descanso de viajeros. Por el actual núcleo de población pasaba la calzada romana que unía Corduba (Córdoba) con Obulco (Porcuna) y Obulco con Epora (Montoro). Su población más cercana es Cañete de las Torres también de origen romano, como las anteriores, cuyo nombre era Calpurnia. Las comunicaciones hacia el sur pasaban por Bujalance y tenían como meta una serie de poblaciones íbero-romanas. Asimismo, las tierras bujalanceñas se verían afectadas por el fenómeno de implantación rural que se manifestó en la proliferación de villas (hay una veintena catalogadas). Para algunos historiadores, el Bellum Hispalense, obra escrita por un testigo presencial desconocido y por los historiadores romanos Dion Casio y Floro y que trata el tema de las guerras entre Julio César y Pompeyo en tierras béticas, puede arrojar algo de luz en el pasado romano de Bujalance (si bien tal nombre no responda en absoluto a esa época). En esta guerra, las tropas pompeyanas se hicieron fuertes en Obulco y César tuvo que retroceder por la calzada que pasa por el actual Bujalance. La parte final de estas guerras se desarrolló en la campiña cordobesa, hasta la derrota final del Bando Pompeyano en Munda (Montilla).

León Íbero Bujalance

Hubo varios núcleos de población indígena (muchos de ellos de localización incierta) que tuvieron que padecer estas guerras, entre ellos Bursabo, Bursabola o Bursabolis, que "posiblemente" se tratara de Bujalance pero del cual no existen ni evidencias formales ni arqueológicas que lo acredite. César dio categoría de colonias latinas a todas las poblaciones que le prestaron ayuda en su guerra contra Pompeyo. De este modo, algunos la identifican con la célebre y tal vez imaginaria Colonia Baetis nombrada por Estrabón, Plinio el Viejo y Pomponio Mela ("que si bien no era comparable con Cádiz por el comercio, le aventajaba en honor y en el número de soldados que César envió a ella cuando la hizo sin duda colonia"). Para otros historiadores, se trata de Calpurniana, ciudad fundada por Calpurnio Pisón (que se situaría sin embargo entre Bujalance y Cañete de las Torres). Para otros fue la ciudad que Ptolomeo presenta entre las mediterráneas túrdulas con el nombre de Vogia, asignándole 9º de longitud y 38º30' de latitud, el topónimo actual sería el formado por las raíces Vogia y laos, "el pueblo de Vogia"(ciudad romana por los sepulcros, acueductos, lápidas, monedas, capiteles, basas, pedazos de columnas de precioso mármol y otros fragmentos de obras de aquella época, encontrados en el sitio que ocupa hoy y en sus inmediaciones).

Fuera como fuere, el pasado romano de la ciudad es muy discutible. Son muy abundantes en los alrededores del casco urbano y en el término municipal los restos romanos: sepulcros, lápidas, monedas, trozos de columnas, de capiteles y de restos de mosaicos. Podríamos destacar una lápida encontrada entre Morente y Bujalance que da fe de que estas poblaciones estuvieron afiliadas a la tribu Quirina y no a la tribu Galería, como Corduba, Epora y Obulco. Otra lápida funeraria hallada en Bujalance es interesante porque el difunto, Cornelio Corneliano, está relacionado con Publio Valerio Lucano. Otro sepulcro lleva una media luna, símbolo de Hécate o Proserpina. Ramírez de Arellano dijo ver también candelabros férreos que pueden mostrar una habitación romana de gente acomodada. No hay certeza absoluta sobre un núcleo urbano en época romana.

Todo lo anterior parece indicar que en época romana, lo que hoy conocemos como "Bujalance" simplemente no existía y que cuantos hallazgos dispersos se localizan en el actual término de Bujalance obedecen a la riqueza y feracidad de sus tierras y el conjunto de caminos y vías de importancia regional, comarcal y local ya mencionados, propiciando la instalación de villas que salvando las distancias podrían asimilarse a nuestros actuales "cortijos", muy apreciados y característicos en época romana y con posterioridad en época musulmana en que ya sí poseemos documentación y referencias científicas de su fundación. No existe documento ni literario ni arqueológico a día de hoy que pueda garantizar de forma empírica la existencia de un núcleo urbano datable en época romana, todos los datos demostrables proceden de época musulmana, el mismo topónimo Fortaleza de la culebra hace referencia a su fortaleza claramente de época califal. Bursavo, Bursabo, Bursabolis, etc. es una mera especulación latinista completamente desechada a efectos históricos constatables. Es en época musulmana donde Bujalance adquiere plena identidad como núcleo poblacional y origen cierto del actual municipio de Bujalance.

Edad Media

Para la época de la invasión musulmana (711) el entorno de lo que hoy es Bujalance, era una extensión de bosque mediterráneo regado por grandes cantidades de arroyos y manantiales salpicado de espacios más o menos amplios de tierras de cultivo en torno a haciendas de más o menos envergadura, muy similares en concepto a lo que hoy sería un cortijo de primeros del siglo 20 tipo "María Aparicio". Construyeron (por orden de Abderramán III) el castillo Burŷ al-Hanašh (Torre de la culebra) para vigilar los caminos que se dirigían a Qurtuba (Córdoba), alrededor del cual se extendió paulatinamente el núcleo urbano, buscando la población diseminada del entorno, la protección del destacamento militar o "ŷund", pasando rápidamente a convertirse en Alcázar ( con toda probabilidad en época del Hayib al Mansur), al poder dar protección y cobijo a la población que se estableció a su amparo. Del Alcázar y de su nombre proceden el escudo y el actual topónimo de la Ciudad y podemos decir con todas las precauciones necesarias que es en Abd al-Rahman III al-Nasir li Din donde encontramos al fundador cierto de Bujalance en el 935. Es a partir de esa fecha donde la noticias que de Bujalance poseemos son científicamente constatables.

Según el geógrafo oriental al-Muqaddasi, Burŷ al-Hanašh era uno de los trece distritos (rustaq) de Córdoba, situado entre Balad Marwan (Maruanas, El Carpio) y Bulkuna (Porcuna): "tiene muchas tierras de sembradura. Es llana y sus habitantes beben agua de sus pozos. Tiene un Burŷ (fortaleza) de piedras o sillares con un arrabal que le rodea. La mezquita alhama está junto al Alcázar y los zocos en el arrabal" información probable según la tradición andalusí. Nunca una mezquita mayor se construye dentro del alcázar, La mezquita mayor de Medina Azahara está junto al Alcázar , pero en su exterior; la mezquita mayor de Córdoba está junto al antiguo alcázar Califal, pero en su exterior. La mezquita mayor de Burŷ al-Hanašh estaba junto al Burŷ, pero en su exterior (la actual iglesia de la Asunción) cuyo mihrab estaba situado en lo que actualmente es la puerta de acceso a la derecha del altar mayor.

Sin duda, su importancia estratégica era considerable, pues hasta el siglo XIII se vino usando la calzada romana que unía Córdoba con la comarca de Cástulo (cerca de Linares), además de coincidir con el primer tramo del camino que iba de Córdoba a Pechina por Jaén, de una gran importancia comercial. Bujalance adquiere su personalidad histórica de forma muy temprana, pues si en 935 el Califa Abd al Rahman III manda construir el Bursh para la mejor vigilancia de la capital del naciente Califato, dado que la capital del "rustaq" (distrito) esta nominalmente en "Murat" actual Morente, en época de Almanzor, aparece al Bursh al Hanash como capital de Rustaq ( distrito). Con toda probabilidad como capital de distrito pasa rápidamente a ampliarse el propio bursh (torre) que en sus orígenes era simplemente la torre que da acceso a la actual fortaleza a dotársele del conjunto de murallas y torres que posee en la actualidad, así como de la Mezquita Mayor o Alhama con el suntuoso alminar que se mantuvo durante siete siglos oteando orgulloso el cielo de Bujalance, hasta que en el siglo XVIII fuera sustituido por la actual torre campanario de la Asunción. Al ser construido en época de Almanzor, tenemos que ir a los alminares cordobeses de su época, así encontramos que el modelo que sirvió para la construcción de todos los alminares Amiríes lo encontramos en el aminar de San Juan en la plaza el mismo nombre de la capital cordobesa. Con toda probabilidad es el mismo modelo que sirvió para la construcción del alminar de la Mezquita de Abú Uthman en la calle Rey Heredia de la propia capital califal. Constaría de 2 cuerpos, el primero con 4 parteluz, uno situado en cada cara del alminar de planta cuadrada, parteluz con 2 arcos de herradura y 3 columnas, sirviendo la central de "parteluz", rematado el primer cuerpo por 7 pequeños arcos de herradura que darían paso al cierre rematado por el pertinente almenado sirio. Un segundo cuerpo compuesto por una linterna de 4 arcos de herradura, rematada con cúpula y almena siria con yamur de 3 bolas.

El Rey Fernando III conquistó la fortaleza el 23 de julio de 1227, ordenando éste "purificar" la mezquita mayor, destinándola a iglesia bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Asunción, con lo cual no queda la menor duda de que la Iglesia de la Asunción es en realidad la mezquita mayor de Burŷ al-Hanašh. En 1260 aparecen en el Libro de Tablas de la Catedral de Córdoba las grafías Burialhanç o Burialhançe para referirse a la delimitación de su parroquia. Estas grafías aseguran la etimología del topónimo Bujalance (Buxalançe o Buxalanze). Burialhanç quedó como villa de realengo dentro del concejo de Córdoba. En 1594 se separa del señorío de Córdoba por 80.000 ducados y más tarde en 1630 adquiere el título de ciudad, otorgado por Felipe IV, a cambio de 40.000 ducados.

Edad moderna

En el siglo XV, la villa había sido sometida a varios desórdenes, como los alborotos de 1428 o el levantamiento anticonverso de 1473. En 1466, el rey Enrique IV concedió a D. Diego Fernández de Córdoba (conde de Cabra) el título de vizconde de Bujalance, título que nunca llegó a ostentar por la fuerte oposición de la villa, pues nunca había reconocido ni reconoció a ninguna autoridad que no fuera la Corona castellana. En la segunda mitad del siglo, la villa experimenta un espectacular aumento demográfico y llega a ser -detrás de Córdoba- la villa de realengo con mayor población (1449 vecinos), superada solamente por las villas señoriales de Baena y Lucena (1530).

En 1578 consiguió tras largas luchas una cédula real que permitía al pueblo, previo pago de 40 000 ducados, nombrar a sus propios regidores. En 1594 compra su independencia de Córdoba por 80 000 ducados y Felipe IV le concede el Título de Ciudad en 1630. También este monarca le concede una feria anual en 1638 y un mercado semanal los sábados. La peste azotó Bujalance en 1583, dejando algunos barrios despoblados, como el de San Benito.

Los siglos XVII y XVIII coinciden con una época de esplendor económico para Bujalance gracias a una floreciente industria de paños de la que quedan recuerdos en la Ciudad, como nombres de calles, etc. Bujalance colaboró a expulsar a los ingleses de Andalucía en 1626, a sofocar la revuelta de Cataluña en 1640 y 1645, con la guerra con Portugal (1656-1657) y con la Guerra de Sucesión en 1704. En 1738, la fiebre catarral pútrido-maligna mató a un millar de personas en apenas dos meses. En el plano cultural, cabe destacar las dos Cátedras de Gramática que posee la Ciudad en el siglo XVIII.

Edad Contemporánea

Ya en el siglo XIX destaca la participación de numerosas partidas de guerrilleros formadas por sus vecinos durante la Guerra de la Independencia y de su Milicia Provincial en la célebre Batalla de Bailén. La bandera actual del municipio se inspira en la que usó el batallón de Bujalance en esta batalla. También en la primera mitad del siglo XIX destacan los abusos de las partidas de bandoleros gracias a su situación privilegiada próxima al camino real a Madrid. La economía durante esta centuria se basa en el sector agropecuario y en una tímida industria textil de paños bustos y entrefinos en los primeros decenios del siglo.

Calle Mesones Bujalance

En el primer tercio del siglo XX destaca la gran capacidad de organización del movimiento obrero campesino, de profundas ideas anarco-sindicalistas. Bujalance llegó a ser uno de los bastiones anarquistas de la provincia de Córdoba durante la Segunda República Española, nombrada meca del anarquismo por el semanario madrileño "La Estampa". De este modo, durante dicho periodo republicano, fue una de las zonas campiñesas con mayor conflictividad social. Los sucesos más famosos acontecieron durante el mes de diciembre de 1933, cuando se produjo un auténtico levantamiento revolucionario, que fue duramente sofocado por la Guardia Civil. Hubo más de doscientos detenidos y bastantes muertos. El triunfo del golpe de estado de 1936 en Bujalance fue más tardío que en otras localidades de su entorno. La Guardia Civil se acuarteló el 18 de julio y pocos días más tarde acataron a las autoridades del Frente Popular. El comunismo libertario triunfó entre los sindicalistas de Bujalance, que tras unos meses fueron reducidos, vencidos y duramente represaliados. Sin embargo, Bujalance fue cuna de uno de los más célebres grupos guerrilleros de Sierra Morena una vez acabada la Guerra Civil Española, el grupo de "los Jubiles".